Lo que realmente me atrae hacia Walrus es que no finge que internet es limpio o predecible.
Las redes se rompen. Los nodos desaparecen. Las cosas se desconectan. Walrus acepta esa realidad en lugar de luchar contra ella. Los datos no se tratan como un artefacto frágil que subes una vez y por el que rezas. Se divide, se monitorea, se repara y se demuestra que está disponible a lo largo del tiempo. La disponibilidad no es una promesa hecha en el primer día, es algo que la red sigue ganando, bloque por bloque.
Por eso los datos de Walrus se sienten vivos, no archivados.


