En algún lugar, un bosque está muriendo en silencio.
No por fuego, sino por olvido.
Contamos los árboles que caen, pero no las historias que llevaron consigo — el aroma de la lluvia en la corteza, el coro de aves invisibles, el susurro verde que una vez nos enseñó a respirar.
Ahora, en redes como
Arbitrum y
Solana, una idea silenciosa crece: ¿qué pasaría si pudiéramos hacer visible la naturaleza en código?
Los desarrolladores están tokenizando árboles, bosques, incluso ecosistemas enteros — no para venderlos, sino para salvarlos. Cada NFT representa un organismo real y vivo — rastreado, protegido, inmortalizado en la blockchain.