Jeffrey Epstein no provenía de la riqueza o del estatus de élite. Nacido en una familia de clase media en Brooklyn, mostró una fuerte aptitud en matemáticas y comenzó su carrera como profesor de matemáticas en la década de 1970, a pesar de no tener un título formal de enseñanza.
Su trayectoria cambió tras conectarse con Alan Greenberg, CEO de Bear Stearns. Epstein se unió a la firma, se movió al comercio de opciones y ganó acceso a círculos financieros y sociales poderosos. Más tarde fue despedido en circunstancias poco claras.
Epstein luego lanzó una operación de consultoría financiera privada, comercializándose como un especialista que atiende a clientes ultra-ricos. La verdadera naturaleza de su negocio permaneció opaca, propagándose en gran medida a través del boca a boca de la élite.
Trabajó en estrecha colaboración con Steven Hoffenberg, quien luego fue condenado por dirigir un masivo esquema Ponzi. Epstein nunca fue acusado, lo que planteó preguntas tempranas sobre cómo evitó repetidamente las consecuencias legales.
Una relación fundamental siguió con Les Wexner, fundador de Victoria’s Secret. A Epstein se le otorgó poder notarial sobre las finanzas de Wexner, un nivel extraordinario de confianza que solidificó su posición entre las élites globales.
Detrás de escena, se estaban desarrollando delitos graves. Los registros judiciales y el testimonio de las víctimas revelaron más tarde una operación de trata de personas de larga duración que involucraba a niñas menores de edad, orquestada por Epstein y Ghislaine Maxwell. Maxwell fue eventualmente condenada por su papel en la reclutamiento y adoctrinamiento de víctimas.
Epstein fue arrestado por primera vez en 2005 y recibió un acuerdo de culpabilidad muy controvertido en 2008 que lo protegió de la persecución federal, ahora ampliamente considerado como un grave fracaso de la justicia.
En 2019, nuevas víctimas se presentaron. Epstein fue arrestado por cargos federales de trata de personas, se le negó la fianza y fue encarcelado en Nueva York. Murió el 10 de agosto de 2019. Su muerte fue declarada un suicidio, aunque sigue siendo objeto de un intenso escrutinio.
Desde entonces, los tribunales han desclasificado documentos relacionados con su red. Muchas de las personas nombradas no han sido acusadas, lo que subraya el problema central: no la ausencia de pruebas, sino la ausencia de responsabilidad cuando están involucrados riqueza y poder.
El caso Epstein sigue siendo un ejemplo duradero de cómo la influencia puede distorsionar la justicia, y por qué la transparencia sigue siendo importante.
