Trump vuelve a sacar el martillo arancelario.
Y esta vez, Corea del Sur está bajo ataque.
Se ha anunciado un aumento de aranceles del 25% sobre una amplia gama de importaciones, desde autos hasta productos agrícolas. La razón formal es que Seúl "cumple lentamente" el acuerdo comercial firmado el año pasado.
El matiz es que Corea dice que no ha recibido notificación oficial. Y el propio acuerdo aún está pasando por el parlamento y, según estimaciones locales, podría ser aprobado solo en febrero.
Es decir, tenemos una situación clásica:
presión política hasta que se complete el procedimiento.
A los mercados no les gusta esto. No por los aranceles en sí, sino por la señal: las reglas del juego pueden volver a cambiar con tweets.
Y este es otro argumento de por qué el capital global está mirando cada vez más de cerca los activos fuera del control político.
La cuestión no es Corea.
La cuestión es la previsibilidad.