Esta es la revolución silenciosa. Vanar no está persiguiendo los titulares ni burbujas especulativas. Está construyendo las bases para experiencias que se sienten naturales, donde la propiedad digital está incrustada en las interacciones cotidianas.
Al tratar la blockchain como infraestructura de backend, Vanar asegura que la tecnología desaparezca en el fondo, precisamente donde pertenece, mientras que las experiencias que potencia ocupan el centro de los escenarios.
Vanar representa una salida deliberada de este patrón. Construido por un equipo con profunda experiencia en juegos y entretenimiento, Vanar trata la blockchain como infraestructura de backend en lugar de un producto orientado al consumidor; la cadena es invisible.
Interactúan con elementos digitales de juegos, y están en mundos inmersivos sin necesidad de pensar en tarifas de gas de billeteras o cadenas. Así es como ocurre la adopción cuando la tecnología desaparece en la experiencia.

