Las cuentas pequeñas en X tienden a caer en una trampa muy obvia: confunden crecimiento con proximidad. Asumen que la interacción excesiva con cuentas grandes o corporativas—respondiendo a todo, citando cada publicación, forzando la visibilidad—es una estrategia. No lo es. Es ruido. Y peor aún, es ruido asimétrico: un lado desesperadamente quiere atención, el otro nunca la pidió.
En el extremo opuesto, las cuentas grandes están jugando un juego diferente. No porque sean arrogantes o "frías", sino porque tienen más que perder que ganar. Cada interacción es amplificación. Cada respuesta puede legitimar a alguien, elevar a un oportunista o dar oxígeno al tipo de cuenta equivocado. Por eso limitan las interacciones, filtran en gran medida y actúan con cautela. No se comportan como una "cuenta normal" porque ya no son una cuenta normal. Son un nodo grande en la red—y los nodos grandes no se mueven por impulso, se mueven por gestión de riesgos.
Aquí es donde se manifiesta el desequilibrio:
Las cuentas pequeñas quieren visibilidad.
Las cuentas grandes quieren evitar cometer errores.
Incentivos opuestos.
El resultado es una coreografía torpe: respuestas forzadas, likes mecánicos, interacciones “educadas” sin sustancia. Conversaciones que en realidad no son conversaciones, solo gestos tácticos. Desde fuera, se ve exactamente como lo que es: baja naturalidad y cero valor real.
El error principal que cometen muchas cuentas pequeñas es creer que el crecimiento proviene de ser vistas por cuentas grandes. No es así. El crecimiento proviene de ser interesante para los pares, de construir conversaciones horizontales, de desarrollar un punto de vista claro. Las cuentas grandes no crean comunidades interactuando con todos; las comunidades se construyen antes de que la cuenta grande se presente. Si es que se presenta, es una consecuencia—no la causa.
Y aquí está la parte incómoda: cuando una cuenta pequeña se obsesiona con ser notada por una grande, a menudo sacrifica lo único que podría haberla hecho crecer en primer lugar: autenticidad, enfoque y una voz distintiva. Se vuelve reactiva, halagadora, predecible. Exactamente el tipo de cuenta que las grandes evitan amplificar.
Conclusión incómoda:
Si no hay conversación, no siempre es porque la “cuenta corporativa” esté distante o desinteresada. A menudo, es porque no había nada que valiera la pena con lo que interactuar.
Mientras la gente pretenda que el problema es la falta de visibilidad en lugar de la falta de sustancia, este desequilibrio seguirá produciendo interacciones vacías—y líneas de tiempo llenas de gestos, pero vacías de ideas.


