La tokenización y los activos del mundo real (RWAs) darán forma al próximo ciclo del mercado, no tengo ninguna duda al respecto.

Pero la parte importante no está en tokenizar activos, sino en saber qué activos nunca deben tocar una cadena de bloques.

La tokenización es una capa de distribución, no un motor de creación de valor.

Si el activo subyacente carece de flujo de efectivo predecible, exigibilidad legal, claridad jurisdiccional o una gobernanza robusta, ponerlo en la cadena solo acelera su fracaso.

Ya hemos vivido esta lección en TradFi con productos estructurados, donde la complejidad enmascaraba el riesgo en lugar de eliminarlo.

El trabajo técnico comienza con la selección de activos.

Necesitas un título limpio, reservas o producción auditable, mecánicas de ingresos transparentes y una estructura legal que sobreviva a escenarios de estrés, insolvencia y ejecución transfronteriza.

Sin esto, los contratos inteligentes son solo incertidumbre automatizada.

Los RWA tienen éxito cuando la tokenización reduce la fricción sin debilitar la confianza.

Eso significa liquidación determinista, transparencia en cadena para suministro y flujos, y marcos legales fuera de la cadena que estén alineados, no abstractos.

El puente entre la ley y el código es donde la mayoría de los proyectos fallan.

El futuro de la tokenización no se trata de volumen, se trata de credibilidad.

El capital no persigue la novedad, migra hacia estructuras que preservan el valor a través de los ciclos.

En mi opinión, la verdadera oportunidad de RWA se encuentra en activos con relevancia de larga duración, suministro escaso y utilidad monetaria o productiva.

La tokenización debería hacer que estos activos sean más accesibles, más líquidos y más fáciles de auditar, no más frágiles.

Esta no es una carrera para tokenizar el mundo.

Es una disciplina de curar la realidad para la cadena.